LA PROMESA EN PELIGRO: REGRESOS, GUERRA Y VERDADES Avances semanales que sacuden el palacio

La Promesa en Revista Mia

La próxima semana en La Promesa no será una más. El palacio se adentra en una espiral de decisiones irreversibles, amenazas que ya no se esconden y verdades que, por mucho tiempo silenciadas, comienzan a salir a la luz con una fuerza devastadora. Mientras algunos personajes luchan desesperadamente por recuperar la felicidad que les fue arrebatada, otros están dispuestos a romperlo todo, incluso a disparar, con tal de no perder el control. El conflicto interno que ha marcado los últimos episodios está a punto de convertirse en una guerra abierta que hará temblar los cimientos del linaje Luján.

La semana arranca con un ambiente irrespirable en la zona de servicio. La tensión alcanza niveles extremos cuando Cristóbal Ballesteros decide imponer su particular sentido de la justicia mediante castigos ejemplares. Teresa Villamil descubre, gracias a Petra Arcos, que el mayordomo ha enviado a Vera a limpiar los cristales del torreón completamente sola, una tarea peligrosa y humillante, reservada a los lacayos más castigados. Indignada, Teresa se enfrenta directamente a Ballesteros y le lanza una acusación demoledora: con ese comportamiento no la está protegiendo, la está dejando expuesta y sola frente a todo el servicio.

Lejos de rectificar, Ballesteros redobla la presión y exige a Teresa que se imponga de una vez por todas. El dilema es brutal. Si Teresa continúa callando la verdad sobre Lope, el servicio seguirá cuestionando su autoridad. Pero si habla, romperá su palabra y desatará una tormenta de consecuencias imprevisibles. El silencio empieza a convertirse en una carga imposible de sostener.

Paralelamente, el embarazo de María Fernández entra en su fase más delicada. La joven duda, retrocede y comienza a plantearse no contarle a Carlo que él es el verdadero padre del hijo que espera. Pía, cada vez más desesperada, es consciente de que el tiempo se agota. Es entonces cuando el padre Samuel da un paso decisivo y recurre a Ballesteros para que Carlo sea contratado como nuevo lacayo en La Promesa. El mayordomo acepta, pero impone una condición inquietante: Carlo trabajará bajo la estricta supervisión de Santos.

El regreso de Carlo al palacio provoca un terremoto emocional. María se queda descolocada al verlo de nuevo y pronto comprende una verdad dolorosa: él no ha vuelto por ella, sino porque necesita el trabajo. La pregunta ya no es si confesará la verdad, sino cuándo y a qué precio. La distancia emocional entre ambos se agranda y la herida amenaza con hacerse irreversible.

Mientras tanto, la tensión se traslada a la cabaña del bosque, donde la situación alcanza niveles explosivos. Doña Leocadia pierde definitivamente los nervios con Pía por defender a Curro, al que vuelve a llamar “bastardo”, asegurando que ha perdido el juicio igual que su madre, Eugenia. Lorenzo de la Mata va aún más lejos y acusa a Curro de tener secuestrada a Ángela, su prometida. Su amenaza es escalofriante: está dispuesto a ir a buscarla y a matar a Curro si es necesario.

El punto de máxima tensión llega cuando alguien se aproxima a la cabaña. Curro, alterado y al límite, apunta con el rifle. Durante unos segundos, todo parece indicar que la tragedia es inevitable. Pero quien aparece no es Lorenzo, sino Alonso de Luján. El enfrentamiento entre padre e hijo se vuelve insoportable y Curro llega a disparar. El tiro no hiere a nadie, pero el mensaje es claro: no piensa ceder ni un paso más.

En otro frente, Manuel de Luján se adentra en una partida peligrosísima. El plan de Enora para golpear directamente a don Lisandro, duque de Carvajal y Fuentes, ya está en marcha. Sin embargo, Manuel teme las consecuencias y sospecha que Leocadia o el propio duque podrían ir a por su padre cuando reciban las misivas comprometedoras. Junto a Toño, decide advertir al marqués para que esté preparado. Las medias tintas han desaparecido. Manuel ha decidido llegar hasta el final, cueste lo que cueste.

En la zona noble, Martina continúa atrapada en una encrucijada emocional. Con Jacobo intenta aparentar normalidad: planes para ir al teatro, sonrisas forzadas y una actividad constante que delata su nerviosismo. Sin embargo, con Adriano algo se ha roto definitivamente. Jacobo empieza a notar ese comportamiento acelerado y, desconcertado, pregunta a Adriano qué le ocurre a su prometida. Adriano intuye la verdad, marcada por el beso junto a la chimenea, pero guarda silencio.

Cuando Margarita Yáñez pregunta por qué la boda aún no se ha celebrado, Martina miente y asegura que han decidido tomárselo con calma. Una mentira que refleja su incapacidad para dar un paso definitivo hacia un matrimonio que ya no siente como propio.

El miércoles llega con un episodio especial que lo cambia todo. Manuel logra, por fin, llegar hasta Curro. Los hermanos se abrazan, lloran y derriban un muro que parecía infranqueable. A pesar del rifle y del odio acumulado, el vínculo familiar se impone y abre la puerta a una posible reconciliación.

En el palacio, doña Leocadia intenta una tregua con Margarita Yáñez, pero recibe una respuesta demoledora. Margarita la acusa sin rodeos de ser una imitación patética de Cruz, recordándole que el poder ejercido desde la manipulación y el miedo siempre acaba pasando factura. Es un golpe directo al orgullo de Leocadia y una declaración de guerra en toda regla.

Tras mucho dolor, encierro y reflexión, Curro y Ángela toman una decisión crucial: volver a La Promesa. No regresan para esconderse ni para pedir permiso. Vuelven para reclamar su derecho a ser felices. Su regreso promete sacudir el equilibrio del palacio, porque Curro no solo quiere recuperar su lugar, sino también reivindicar su derecho a ser reconocido como conde de Linaja.

La próxima semana en La Promesa no traerá calma. Llegan consecuencias, regresos incómodos, verdades que queman y una guerra que ya no se libra en silencio. Cuando Curro y Ángela crucen de nuevo las puertas del palacio, nada volverá a ser igual. El pasado, el poder y la sangre chocarán con una fuerza imparable, y el linaje Luján quedará, una vez más, al borde del abismo.