‘La Promesa’ – Avance del capítulo 735: el plan oscuro de Lorenzo contra Ángela inconsciente
‘La Promesa’ – Avance del capítulo 735: el plan oscuro de Lorenzo contra Ángela inconsciente
La Promesa vuelve a colocarse al borde del abismo con un capítulo que promete marcar un antes y un después en la historia de la serie. Lo que debía ser el preludio de una boda se convierte en una pesadilla silenciosa: Ángela, rota por la presión, cae inconsciente… y Lorenzo transforma su vulnerabilidad en un arma. Nada es casual, nada es inocente y, sobre todo, nada es seguro dentro de los muros del palacio.
La inminente boda se cierne sobre Ángela como una sentencia. Por fuera, todo parece impecable: flores, cintas, vestidos, susurros de celebración. Pero por dentro, la joven siente que el aire se vuelve más denso cada minuto, que las paredes se cierran lentamente a su alrededor. Intenta repetirse que solo es una ceremonia, un papel y un vestido, pero su cuerpo ya no la obedece. La respiración se le acorta, la vista se nubla y los pasillos se vuelven interminables. Es el preludio de un derrumbe anunciado.
Curro, siempre atento a ella, es quien presiente que algo no va bien antes que nadie. La mira, advierte la palidez, el temblor, el brillo asustado en sus ojos. Y, de pronto, ocurre: Ángela pierde el conocimiento y se desploma en sus brazos. Es una imagen que destroza a Curro, que lo paraliza y lo enciende al mismo tiempo. No es un simple desmayo; es el grito silencioso de alguien empujado al límite.
Pero para Lorenzo, ese instante se convierte en oportunidad. El capitán, dueño de una calma que nace del control y no de la paz, observa la situación con la frialdad de un estratega. Su preocupación es una máscara perfecta. Sabe que la inconsciencia de Ángela le abre una puerta peligrosa: la de manipularla sin resistencia. Y cruza ese umbral sin dudar. La droga, el agua, la dulzura fingida… el plan oscuro se activa con una precisión escalofriante. La pregunta ya no es qué quiere Lorenzo, sino hasta dónde está dispuesto a llegar para asegurarse la victoria.
Mientras tanto, el palacio se sacude por otro golpe devastador. Alonso regresa derrotado tras su búsqueda de información sobre Lorenzo. Ha removido contactos, favores y archivos, pero vuelve con las manos vacías y el rostro endurecido por la impotencia: el pasado de Lorenzo continúa envuelto en sombras. Allí donde debería haber historia, solo hay silencio. Y el silencio, en La Promesa, siempre es una amenaza.
Su regreso no trae consuelo, sino una sorpresa aún peor. En el despacho lo espera un documento con el sello familiar: Manuel ha entregado el 25% de La Promesa al capitán en un intento desesperado por frenar la boda. La cifra es brutal, el gesto, irreversible. Alonso y Cruz se enfrentan a la encrucijada más amarga: su hijo ha querido salvar a Ángela, pero quizá ha abierto la puerta del palacio al enemigo más peligroso que han conocido.
Cruz, siempre combativa, se niega a resignarse. En ella la frustración es combustible, no rendición. Sabe que Lorenzo no busca amor ni futuro con Ángela: busca poder, territorio y control. Quiere entrar en La Promesa como un cuchillo… y quedarse. Alonso, por su parte, siente que el tiempo se le escapa entre los dedos. Ha fallado fuera y dentro se derrumba lo que creía seguro. Su única certeza es que debe hablar con Manuel antes de que el desastre sea definitivo.
Mientras los señores lidian con estrategias y pérdidas, el servicio vive su propia guerra silenciosa. Las cocinas hierven de rumores, de miradas y de secretos que pesan más que las bandejas de plata. La revelación de Lope como la verdadera Madame Cocot no solo despierta admiración, sino también nuevos peligros: su talento lo eleva… y lo expone. Lorenzo ya ha puesto los ojos sobre él y no suele fijarse en nadie sin intención.
Toño, por su parte, descubre una carta que lo deja helado. Es una prueba que señala que Enora no ha sido sincera con el resto. La mentira se instala como una grieta que amenaza con partir al servicio en dos. La confianza, antes frágil, se rompe. Nadie sabe ya con certeza quién protege a quién… o quién juega con fuego.
Pero el centro emocional del capítulo vuelve una y otra vez a ella: Ángela. Después del desmayo, es llevada a su habitación. Curro permanece a su lado como un guardián herido, sosteniéndole la mano, rogándole en silencio que regrese. Cuando al fin abre los ojos, su primera palabra es su nombre. Él respira. Está viva, pero sigue atrapada en una tela de araña tejida a conciencia.
Y allí está Lorenzo. Espera, calcula, se acerca. Sabe que la debilidad es una puerta abierta y la cruza sin pudor. La voz baja, el tono suave, el vaso de agua… y el líquido alterado. Ángela apenas puede resistirse, cansada, abrumada, sin fuerzas para luchar. La amargura casi invisible del agua es la señal de lo inevitable. Lorenzo sonríe satisfecho mientras el sueño pesado la arrastra de nuevo a la oscuridad.
En el pasillo, Curro se consume de impotencia. Presiente el peligro, siente que algo no encaja, que ese desmayo no es solo nervios. Pero está fuera. Y ella está dentro con el hombre que decide su destino.
Al final, el capítulo deja una certeza inquietante: La Promesa ya no es solo un palacio. Es un tablero donde cada pieza se mueve con consecuencias letales. Ángela yace inconsciente bajo el control de Lorenzo, Alonso enfrenta las consecuencias de un trato imposible, Manuel ha apostado la casa por amor y el servicio descubre que las mentiras ya no se esconden: se pagan.
¿Qué ocurrirá cuando Ángela despierte?
¿Podrá escapar del destino que otros han decidido para ella?
¿Quién saldrá indemne del plan oscuro de Lorenzo… y quién quedará atrapado para siempre?
En La Promesa, nada es tan frágil como la felicidad y nada tan peligroso como el poder. Y esta vez, ambos han decidido chocar de frente.