Muere Delia, la etapa más oscura de los De la Reina
Muere Delia: la etapa más oscura de los De la Reina
“Sueños de libertad” cruza el punto de no retorno y sumerge a la familia en una guerra psicológica sin precedentes
La semana del 22 al 26 de diciembre marca un antes y un después en Sueños de libertad. Lo que hasta ahora era un drama de tensiones soterradas, silencios incómodos y miradas cargadas de sospecha, se convierte en un laberinto psicológico devastador tras la muerte de Delia, la madre de Gabriel. Un fallecimiento que no solo sacude a la familia De la Reina, sino que dinamita definitivamente la frágil frontera entre el dolor legítimo y la sospecha de un crimen calculado.
La pregunta ya no es quién sufre más, sino quién miente mejor.
Damián, el patriarca que empieza a dudar
Damián De la Reina siempre ha sido el símbolo del poder absoluto. Un hombre acostumbrado a mandar sin ser cuestionado, a imponer orden con una sola mirada. Sin embargo, esta semana lo muestra desarmado por primera vez. No por una amenaza externa, sino por una grieta interna que crece sin control: la duda sobre Gabriel.
Todo comienza como un malestar difuso, una incomodidad difícil de nombrar. La insistencia de Andrés, su mirada fija, su desconfianza abierta, empiezan a actuar como una gota constante sobre la conciencia de Damián. Pero es Digna quien clava el cuchillo con precisión quirúrgica.
Con una calma implacable, Digna le dice lo que nadie se había atrevido a verbalizar: que Gabriel no es el niño inocente que Damián quiere seguir viendo, que sonríe cuando no debería sonreír y guarda silencio cuando otros suplican. La metáfora que utiliza es demoledora: Gabriel siempre aparece con las manos limpias, mientras el resto de la familia se hunde en el barro. El manipulador perfecto.
Damián intenta resistirse, pero en el fondo sabe que esa grieta ya no puede ignorarse.
Delia aparece sin vida: el presentimiento se vuelve realidad
El lunes, la tragedia se materializa. Delia es encontrada inconsciente, caída, indefensa, con el cuerpo ya frío. La escena es devastadora. Begoña es la primera en llegar, aferrándose a una esperanza que se apaga al instante al tocar la piel helada de la mujer.
Damián ordena llamar al médico, aferrándose a la rutina del mando, pero el silencio responde con crueldad. Delia ha muerto.
La noticia se extiende por la casa como un veneno invisible. Nada vuelve a ser igual desde ese momento.
Gabriel regresa: ¿dolor real o interpretación perfecta?
Cuando Gabriel llega a casa, la tensión se corta con un cuchillo. Su primera pregunta es por su madre. Begoña intenta acercarse, consolarlo, pero Damián la detiene. Esta vez no habrá protección ni medias verdades.
La reacción de Gabriel es desconcertante. No estalla en llanto inmediato. Entra en una negación temblorosa, balbuceando sobre París, sobre Isabel, sobre errores del pasado. Un detalle que enciende todas las alarmas: en pleno shock, su mente huye… no al duelo, sino a la fuga.
Manuela intenta detenerlo cuando habla de marcharse. Pero quien rompe definitivamente la escena es Andrés.
Con una frialdad brutal, lanza la pregunta que nadie quería escuchar:
¿Gabriel está realmente destrozado… o solo está actuando?
Begoña estalla, indignada por la crueldad del comentario. Pero Andrés no retrocede. Insinúa que hay quienes lloran solo cuando les conviene. Gabriel reacciona con una ira contenida, peligrosa, exigiendo silencio. Y Andrés va más allá, insinuando que quizá esté dispuesto a usar la violencia, como ya ocurrió antes.
No hace falta pronunciar el nombre. Jesús flota en el ambiente como un fantasma.
Ese instante cambia todo. Damián comprende algo aterrador: Andrés cree firmemente en lo que acusa.
Una familia al borde de la implosión
Mientras el luto envenena la mansión, Marta vive su propia caída. El apellido Cárdenas emerge como una herida abierta. Al enfrentarse a Pelayo, ya no es la esposa que calla por conveniencia. Exige la verdad. Las ausencias, los silencios, las mentiras durante su estancia en el hospital encajan demasiado bien.
La irrupción de doña Clara, fría y calculadora, lo empeora todo. Su advertencia es escalofriante: que Pelayo solucione el problema de Cárdenas, pero sin manchar la alfombra. La vida humana reducida a una molestia logística.
Marta escucha y entiende, con horror, que su matrimonio nunca fue amor, sino una transacción política.
Maripaz y Claudia: una amenaza silenciosa
En paralelo, Maripaz regresa de una gala en estado lamentable. Borracha, alterada, con una alegría artificial que no engaña a Manuela, quien percibe miedo, no celebración.
La aparición de Claudia provoca un cambio inquietante. Maripaz se queda paralizada. La niña, con intuición infantil, siente que algo no encaja. Más tarde, Manuela confiesa a Luz su temor: cuando alguien vuelve así a casa, no es solo alcohol, es pánico.
Ese miedo se confirma cuando un hombre desconocido aparece preguntando por Claudia. Maripaz palidece. No habla. Su silencio es una confesión.
Gabriel acorralado: culpa, deseo y sospecha
Esa noche, Gabriel busca refugio en Begoña. Confiesa que junto a ella las voces en su cabeza se apagan. Intenta besarla, buscando consuelo. Ella lo rechaza: no es el momento.
Lo que Gabriel no sabe es que Andrés escucha desde la puerta. Y no ve dolor ni debilidad. Ve manipulación.
Desde ese instante, Andrés está convencido: Gabriel es peligroso.
La violencia estalla y deja testigos
El miércoles, la tensión explota. Gabriel y Andrés se enfrentan físicamente tras una burla sobre el viaje a París. La pelea es salvaje. Gabriel pierde el control. Y Andrés, incluso con las manos en el cuello, sonríe. Para él, esa violencia es la prueba definitiva: Gabriel es igual que Jesús.
Alguien presencia la escena. Y Damián lo sabrá.
Damián toma la decisión más dolorosa
El viernes, tras nuevas revelaciones y una prueba clave que Andrés presenta, Damián se queda sin refugio. Ya no puede seguir negando la posibilidad de haber criado a un monstruo.
Con el corazón roto, autoriza que Gabriel sea investigado.
No es solo una orden. Es la caída del patriarca. La aceptación de su fracaso.
El final de una semana maldita
La semana termina con Damián caminando solo por el pasillo, mientras las luces navideñas parpadean afuera con una alegría falsa. La muerte de Delia no cerró una herida. La abrió.
En los De la Reina ya no hay certezas, solo sospechas.
Y la pregunta que queda flotando es devastadora:
¿Es Gabriel un monstruo… o el producto inevitable de una familia que confundió poder con moral?
La etapa más oscura acaba de comenzar.